Yo maté a Hannah Baker.

Aún siento un hoyo en el estómago.

Si estás acostumbrado a ver series como entretenimiento que te distraigan y no te hagan reflexionar sobre la vida, probablemente te equivocaste al ver 13 reasons why. Y probablemente será de las mejores equivocaciones que hayas cometido esto año…

A menos de un mes de que se estrenara esta polémica serie en Netflix, pareciera que ya todo se ha dicho sobre ella. La han criticado y alabado al mismo tiempo, pero precisamente esa controversia le ha ayudado a cumplir su objetivo: incitar conversaciones sobre el suicidio, el bullying, la violencia sexual y otras problemáticas que afectan principalmente a los adolescentes.

Es probable que encuentres algunos spoilers en este post pero a estas alturas me sorprendería que no hayas visto la serie o, en su defecto, escuchado TODO sobre ella pues ese fue uno de mis mayores retos en estas últimas semanas. #spoilerseverywhere

Comencemos por spoilear el final: Sí, Hannah se suicida. A pesar de que el tema principal parezca ser precisamente “el suicidio de Hannah Baker” en realidad eso tan solo fue la consecuencia de una “serie de eventos desafortunados” (por llamarlos así) en la vida de una adolescente who felt too deeply.

Si en algún momento tú también pensaste que Hannah era demasiado dramática, no te culpo, Clay y los demás personajes también lo hicieron, aunque eso no pareció reconfortarlos al respecto de su suicidio.

Personalmente, en más de una ocasión me desesperó más Clay por las cosas que no hacía o decía, que Hannah por lo que intentaba hacer o decir.

Sin embargo, lo que verdaderamente encuentro preocupante después de ver 13 capítulos que exhiben diversas formas de bullying y acoso sexual es el hecho de que la mayoría de los espectadores, como los personajes, todavía sintamos que nada fue “suficiente” razón para incitar a un suicidio o que la acusación de una violación no está clara. Considero que este pensamiento tan cerrado habla de nuestra alta tolerancia a vivir en una sociedad acostumbrada a la violencia “bajita la mano”, a los abusos de poder y al bullying que disfrazamos como “carrilla”.

Las cosas como son. Hay que aprender a nombrar nuestros sentimientos y actos. Si sientes dolor, insatisfacción o tienes ganas incontrolables de llorar estás experimentando una profunda tristeza y cuando una persona se aprovecha sexualmente de otra sin su consentimiento explícito es una violación.

Justamente, de las problemáticas expuestas en la serie, lo que más me impactó fue la familiaridad con la que suceden los abusos sexuales y que, tal parece, aún no tenemos suficiente consciencia sobre la magnitud del problema. El peligro de ser violada no está exclusivamente en las calles, ni en el antro o en la playa, está en tu salón, en la fiesta de tu amigo, está en tu propia habitación.

Si eres mujer ¿alguna vez consideraste que el peligro puede representarlo no solo el albañil que te chifla en la calle, sino también el mirrey que se sienta a tu lado?

¿Qué hay del consentimiento? Hacer una pregunta y esperar una respuesta parece pedir demasiado. ¿Qué pasa con el pensamiento machista? Si eres hombre espero que jamás creas que una falda, un guiño o una mujer borracha es “pedir que la violes”. Si eres mujer, mantente atenta de no culparte a ti misma porque no estamos exentas de ser machistas.

Posiblemente en algún punto tú también pensaste que Hannah no debía haber usado vestido esa noche en el parque o haber ido a la cita el día de San Valentín o haberse quitado la ropa en casa de Bryce pero ¿no es ese el pensamiento más desconsolador? Pensar que Hannah debería haber dejado de vivir para poder existir.

  • Las faldas cortas no provocan una violación, la provoca el violador.
  • Caminar sola de noche no provoca una violación, la provoca el violador.
  • Coquetear no provoca una violación, la provoca el violador.
  • Emborracharse no provoca una violación, la provoca el violador.

Todos culpamos a la víctima pero ¿qué tal si la culpa la tienes tú? Ni siquiera por ser el violador, sino por ser un observador pasivo o por haber tenido la oportunidad de hacer algo para impedirlo pero decidir ignorar el problema, tal como ignoramos la mayoría de las cosas que nos incomodan. Si algo nos enseña la segunda cinta de Justin es que el problema no es solo el que comete el abuso, sino el que se queda viendo sin hacer nada.

Como hizo notar Alex en medio de uno de sus ataques de sinceridad, letreros asegurando que “el suicidio no es una opción” no van a salvar a alguien que lleva tiempo sufriendo. Hay que ver la otra cara de la moneda, quizá no es solo la víctima quien necesita atención sino los abusadores que nadie se detiene a observar. Promover un ambiente más amable, una convivencia más pacífica y una actitud menos abusiva podría ser la solución que no hemos explotado lo suficiente en todos los aspectos de nuestra vida.

Parte de mi desea una segunda temporada que de closure a cuestiones como ¿qué pasa con Alex? ¿Bryce recibe su merecido? ¿qué hará Tyler? pero la mayor parte de mí espera que estas 13 horas de lecciones de vida basadas en muerte, se vuelvan una pequeña guía para hacernos más conscientes de nuestras acciones pues espero que, a diferencia del inepto consejero estudiantil, no necesitemos una cinta 14 para que nos quede claro el mensaje.

Nunca sabes cómo dañaran tus palabras o acciones a alguien más, si bien esto no te hace responsable de sus decisiones consecuentes, si hay algo mínimo que puedas hacer (o evitar hacer) por alguien, asegúrate de que sea AHORA MISMO. No esperes para decir algo amable. No tengas miedo de actuar correctamente.

Por último, si alguna vez un amigo te busca con urgencia, atiende su llamada. No solo le respondas ese mensaje, búscalo. No le digas que todo va a estar bien, escúchalo. DE VERDAD ESCUCHALO, deja ese celular y si tu presencia es lo único que puedes darle a esa persona que grita en silencio por tu ayuda, be there. Visítalo, invítalo a salir, no lo dejes solo. La tarea, tus hobbies, la escuela, todo puede esperar menos la oportunidad de ayudar a alguien que te necesita. Lo que puede parecer un pequeño sacrifico para ti podría ser lo más significativo para la vida de alguien más. Creo que todos podemos coincidir en que es muy raro que alguien -explícitamente- pida ayuda para salvar su vida pero muchos de nosotros lo hemos hecho en alguna ocasión con pequeñas señales. Hay que darnos el tiempo de observar a nuestros seres queridos pues un solo parpadeo bastaría para perderlos.

¿Los cambios siempre son buenos?

A finales del 2016, después de una semana de mucha tensión por exámenes, entregas de proyectos y carga de trabajo; el empacar, hacer los trámites para un cambio de campus y buscar casa en otro estado resultaba una tarea mucho más pesada de lo normal. Entre tantas cosas por hacer me preguntaba si realmente valía la pena “complicarme” la vida de esa forma, cambiándola por completo…

Examiné mis opciones, entre ellas, quedarme en la ciudad en la cual había vivido los últimos 8 años, en donde había hecho grandes amistades, había permanecido por el tiempo más largo en la misma escuela, donde además recibía el apoyo constante de mi familia y tenía un ritmo de vida al cual ya me había acostumbrado. La costumbre, por otro lado, no es algo que me emocione… imaginarme comenzando un nuevo año en el mismo lugar, quejándome de las mismas cosas, me hizo darme cuenta que sobre todas las razones que pudiera encontrar para quedarme, había una que pesaba más para irme:

No podía ser de esas personas que se la viven quejándose de todo pero no cambian nada.

En los últimos meses había pasado por una extraña y desmotivadora etapa en la que no me sentía la persona optimista y positiva que siempre había sido. Había intentado cambiar mi perspectiva, mis hábitos, mis intereses, todo para ver si algo de lo que me incomoda cambiaba, sin embargo, veía que pasaba el tiempo sin que mi desalentador estado de ánimo mejorara. Por supuesto que había muchas cosas que me gustaban de mi vida en aquella ciudad, tantas que comenzar a enlistarlas resultaría tedioso de leer pues había entre ellas muchos detalles que me hacían muy feliz pero por alguna razón las grandes cosas no me emocionaban como antes lo hacían.

En esa etapa creo que era natural preguntarme ¿qué estaba mal conmigo? ¿por qué si nada en mi vida había cambiado, no me sentía tan feliz como antes?

La respuesta resultó sencilla pero no obvia para mí: yo había cambiado.

Dejemos claro que crecer es inevitable, madurar es casi obligatorio pero cambiar es inexplicable.

Hay gente que crece pero no madura y seguro todos conocemos algún Junior que es el vivo ejemplo de esto. También hay que gente que crece y nunca cambia, esa persona que sigue cometiendo los mismos errores una y otra vez, sin aprender de ellos y sin preocuparse por repetirlos. Hay gente que madura pero no cambia, aquel que tal vez ahora sea más responsable pero en el fondo tiene los mismos sentimientos que tenía hace unos años. Finalmente, hay gente que crece y cambia (normalmente para mal) y gente que crece, madura y cambia ¿eres uno de ellos?

A diferencia de crecer y madurar que comúnmente suceden en etapas muy específicas, como pasar de la niñez a la adolescencia o de la adolescencia a la adultez, cambiar llega en momentos muy distintos para cada persona o en ocasiones, no llega. Algunos podrán cambiar durante la pubertad mientras otros cambiarán después de vivir una situación difícil pero habrá gente que morirá siendo los mismos de siempre.

Es aquí cuando la trillada frase de “los cambios siempre son buenos” me resulta llamativa puesto que siempre había supuesto que se refería exclusivamente a cambios externos como teñirte el cabello, comprar ropa diferente o mudarte, pero jamás lo había concebido como algo interno, cambiar de pensamiento, cambiar tu forma de ser, cambiar tus expectativas… Y en ese caso ¿cuándo fue que yo cambié? ¿Cómo podían ser buenos los cambios si ahora me sentía tan perdida?

Eso es algo que crecer, madurar y cambiar sí tienen en común: es confuso, inesperado y a veces difícil.

Posiblemente tú, como yo, en algún momento deseaste “ser grande” pero más tarde te arrepentiste y pediste no crecer, no dejar de ser niño, posiblemente esto sucedió en la pubertad cuando las hormonas nos juegan malas pasadas pero después cuando obtuviste tu IFE (o “INE”) te volviste a sentir bien, al menos por un rato, antes de que te dieras cuenta de todas las responsabilidades que eso implicaba, ahora estabas en edad de decidir, elegir carrera, pensar en tu futuro ¡e incluso pensar en el futuro del país e ir a votar! Creciste, maduraste y quizá entre todo eso, también cambiaste. Pero cambiar no tiene síntomas específicos, pues como dije antes, no tiene etapas definidas y tampoco viene con responsabilidades precisas como las que aceptas cuando maduras.

Cambiar es subjetivo (si es válido llamarlo así) no hay una métrica definida para saber cuánto hemos cambiado, no hay nadie que lo avale, no hay siquiera una definición que explique qué entra en los límites de “cambiar”, básicamente no tiene principio ni fin.

No pretendo explicar cómo fue que yo cambié, ni cómo es que tú podrías hacerlo, puesto que muchos de los cambios que vivimos no son conscientes, nosotros no los decidimos. Podemos decidir cambiar nuestro estilo de vida, nuestras metas y hábitos pero los verdaderos cambios son los resultados de estas acciones, o de no realizarlas también, y son resultados que notaremos el día en que menos lo esperemos, quizá un día que despertemos con renovadas ganas de experimentar algo nuevo o por el contrario un día en que nos sintamos perdidos o fuera de lugar, ahí nos daremos cuenta que si todo a nuestro alrededor sigue igual, seguramente lo que habrá cambiado seamos nosotros.

¿Que si los cambios siempre son buenos? Te invito a que tú lo descubras, no sin antes advertirte que sin importar lo extraño, lo mal o lo difícil que se sienta, los cambios tampoco son definitivos y, en mi experiencia, aceptarlos vale la pena.

21

Hoy cumplo 21 años pero ni la fecha ni la edad importan, lo que importa es lo que está por venir…

He vivido casi 9 años en San Luis Potosí pero desde hace tiempo, incluso antes de entrar a Universidad, había considerado regresar a mi pueblo natal, la caótica Ciudad de México. Todos hemos leído esa frase tan cursi de Chavela Vargas que los millennials hemos restregado en redes sociales sin piedad (y sin citar porque ya nadie recuerda ni se interesa por saber quién la dijo primero):

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La frase en realidad es triste, no solo nostálgica, pero por consenso general solo se utiliza la primera parte para postearla al pie de nuestras fotos en Instagram cuando vamos de viaje.

Sin embargo, concuerdo con la frase completa y no creo que mi razón para regresar a ese lugar que tanta gente ama-odia sea solo por la nostalgia de revivir el pasado, sé que muchas cosas han cambiado (y como en otras ocasiones, el decir “cosas” engloba personas, lugares, etc…) pero no mentiré diciendo que no tengo buenas referencias de aquel pasado, uno al que no me molesta regresar.

Aunque regresar parezca retroceder, para mí significa avanzar. Sé que al volver a esa ciudad las cosas serán completamente diferentes, claramente no es lo mismo vivirla a los 11 años que a los 21, pero confío en que un nuevo comienzo siempre es bueno. Hace 9 años no estaría tan segura de eso (lloré desconsoladamente cuando me dijeron que nos mudaríamos de estado) pero hoy no me arrepiento y si pudiera decirle algo a esa niña de 11 años que lloraba en el carro mientras buscaban casas en San Luis, sería muy claro:

Deja de llorar, hay muchas más cosas esperándote en este lugar de las que puedes ver por la ventana. Estás a punto de conocer a gente increíble que marcará tu vida, harás nuevos amigos, no morirás sola en el intento, tus amigos de México no te olvidarán (tan fácilmente) y siempre podrás contar con ellos. Aprenderás lo que significa la amistad, la verdadera amistad, esa que no se afecta con el tiempo ni la distancia sino que se hace más fuerte. Te sorprenderás cuando descubras que la gente ve la vida de maneras muy diferentes, crecerás en un ambiente retador, en una sociedad muy compleja (y con muchos complejos) pero te hará madurar y ser más autocrítica. Tendrás oportunidades inigualables, descubrirás pasiones que no imaginabas que tenías, te sentirás segura de muchas cosas e insegura de muchas otras pero siempre tendrás a gente apoyándote, aconsejándote e inspirándote. Tu relación familiar se fortalecerá y agradecerás cada segundo que pasas con tus papás y tu hermanito, esperando con gusto ver al resto de la familia durante vacaciones, puentes o festejos. Te volverás muy culta, seguirás leyendo tanto como siempre y escribiendo aún más, pero además conocerás otro mundo de primera mano, buscando qué hacer encontrarás qué amar, te volverás fan de ir a museos, ver cine independiente, ir a conciertos de ópera, ir al teatro, participar en concursos creativos, organizar congresos, viajes, talleres… y todo esto te emocionará, le dará sentido al espacio y al tiempo. El cielo te enamorará y el clima te enloquecerá, apreciarás los rayos de luz por la mañana, las nubes en el cielo a veces azul, a veces rosa o naranja, apreciarás las noches por mostrarte brillantes lunas y millones de estrellas, te quejarás del calor y cuando menos te des cuenta morirás de frío. Seguirás soñando despierta.

Claro que he pensado en quedarme (¡cómo no pensarlo!) mi familia, mis amigos, mi hogar… la escuela, la rutina, los prejuicios… hay tantos pros como contras y la verdad creo que la vida en sí misma es así, la mayoría de las situaciones que enfrentamos exigen que tomemos decisiones que no siempre se pueden basar solo en la razón, a veces es necesario ponerle corazón, o quitarle sentido, sí, a veces o siempre es muy complicado decidir.

Mucha gente me ha dicho “sí, tienes que irte, perteneces allá” y no, no me están corriendo, de hecho la gente que lo ha dicho es gente que de verdad me aprecia y que yo adoro. Lo han dicho quizá porque ven lo que yo veo: oportunidades.

Considero que esta decisión de dejar un estado por otro se asemeja a las veces que vamos de compras y encontramos algo que nos encanta pero no lo compramos porque creemos que si seguimos buscando encontraremos algo aún más cercano a lo que habíamos imaginado, algo que nos ofrezca un valor agregado que aunque no sea mejor que el primero, sea el indicado para nosotros, entonces dejamos lo que vimos primero no porque no nos guste sino por la expectativa, la buena fe, la esperanza, yo que sé…

Hace un tiempo sentía que tenía todo claro, quién era, qué quería, a dónde iba… hoy debo aceptar que no me siento tan segura de saberlo todo pero que estoy dispuesta a seguir buscando, seguir aprendiendo y seguir soñado. Acepto que los cambios dan miedo pero es la clase de miedo que prefiero sentir, ese miedo que se siente en el estómago entre un hueco o miles de mariposas, el miedo que de pronto se transforma en emoción por vivir lo que está por venir.

All you need is romcoms.

So after being single for-ever one starts getting cynical about it. (See what I did there?) But honestly, that’s not a surprise since us stupid human beings have manage to be cynical about almost everything in life that kinda upsets us but we try hard not to let it show, so naturally we start being mean, acting cold and usually talking in an elaborated almost pretentious way instead. #sorrynotsorry

Still, single and all as I am, romantic comedies are my favorite kind of comedies, kind of movies in general actually… No matter how cheesy, predictable, unoriginal or commercial they can be I truly believe they are one of those few still reliable things on earth. From a romcom at least you know what to expect and then also you can expect that every romcom will fulfill your expectations, agree? Even if you’re just expecting it to be super-dork and unreal, you’ll be happy to know that no matter how much terribly-dramatic scenes you watch along, things will go smoothly in the end.

*Except for those painful romcoms as “Me before you”… Gosh, I felt so betrayed when I saw that emotional-ambush! The end got me in tears and not the usual happiness-I wish it was me-tears but the awful P.S. I love you-why are you doing this to me-tears 😦

Yet again: sarcasm. That’s what I need at this exact point of my life. Witty jokes and sharp quotes.

I’m a hopeless romantic and a Valentine’s Grinch at the same time

Yesterday I almost watched “In my dreams” but oh Lord after 2 minutes of watching its stupidly-perfect main characters, I had enough. Both were so sweet and proper! I-couldn’t stand them. As contradictory as this may sound I’m a hopeless romantic and a Valentine’s Grinch at the same time, so what I needed was a pair of characters so wrecked and lost that hopefully wouldn’t make me feel worse about myself.

And luckily enough, I found them!

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In a different movie though… (next friday I’ll post about it)

Anyway, as much as I enjoy laughing at catchy lines and sighing at cheesy gestures, deeply inside I know that’s not the main reason why I watch romcoms… I guess there’s nobody who can deny that what we feel when we end up watching a romcom is: hope. Silly, childish, unfounded hope but that still works up your mood and makes you feel blindly positive. You know, like anything could happen and that it could actually happen to you with whom you never ever imagined and when you least expect it!

But also nothing-at-all could happen too because that’s in fact what you least, least expect after watching a romcom. Thereby after some time by your own you might realize that romcoms are just another exageration of life and love, of soulmates, destiny and good luck… and since nothing “romantic” happens to you in a while you’ll need to get back to romcoms to get the perfect substitude of love, your dose of hope; because just like when you are on a diet and you start feeling upset for not being allowed to consume sugar, you have to remember there’s always Splenda to sweeten your life!

And besides The Beatles explained it better:

All you need is love.

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Down the road

Maggie: I love you.

Antoine: …

Maggie: And down the road I’ve learned that there’s no way to love you more, to love you less. I love you as I have always loved you. From the first day when we met, to this day. I love you, Antoine. You always knew that, right?

 

A: I haven’t forgotten the night you visited me at the hospital… when I had that heart attack and my son called you because he thought I was about to die.

M: I would never forget that call. I felt my whole world collapse.

A: I heard him while he was calling you, I told him not to.

M: Why?

A: I’m not sure. I wasn’t sure that I was about to die so I thought there was no point on alarming you. But also, I considered dying, and I wasn’t sure I wanted you to watch me die anyway… I knew how it felt watching someone you love slowly go… and I didn’t wanted that for you.

 

M: So when your wife died…

A: So unfair.

M: True… Judy was amazing.

A: Honestly, she was indeed. Weren’t you jealous of her all this time?

M: Jealous? Not for a second, she had cancer, remember?

A: Don’t be mean, you know what kind of jealous I’m talking about. Not that you wanted her life but maybe…

M: Not. Maybe nothing, my love.

 

M: Remember when you had your first kid?

A: As if it were yesterday.

M: You were such a dork back in the days.

A: What you mean by “a dork”?

M: You know! Adorable but kind of dump haha

A: Kind of dump! What a thing to say!

M: Don’t sweat it, boy! All men are dorks when they are new parents.

A: I guess so… I must admit it’s one of the scariest yet most amusing parts of life.

M: Being a new parent… So many feelings, fears, dreams…

A: Now you are being a dork…

M: Ha! Is there any other way to be a parent?

 

M: Ugh, the divorce. Remember my divorce? I always wonder why I married him in the first place.

A: Because you had his kid.

M: Yes, right, that’s the logical answer but that wasn’t it. I had options. I could have chosen to be a single mother or abortion!

A: You couldn’t possibly, you were too proud of yourself to give anyone a chance to judge you.

M: Can’t deny it… I tried so hard to make it look like that was all I wanted: a family, a husband, a kid…

A: Though it wasn’t.

M: You were the only one who ever knew the truth.

A: That it was a mistake? That you, Maggie-the-perfect, messed up?

M: I didn’t even admit it to my mother. I regret that so much, you know?

A: Never ever told her?

M: Never-ever told anyone but you.

A: Woah… why? You know that humans do make mistakes, right Maggie?

M: Not me, you said it, Maggie-the-perfect… I couldn’t deal with it any other way. I couldn’t believe I had messed up my whole damn life in one night.

A: So you weren’t just lying to everyone… you were also lying to yourself.

M: Saying that it had been my intention to have that kid made me feel less stupid. I knew what everyone was thinking: poor stupid girl who felt in love with his professor and got pregnant. Such a cliché! Oh no, sir, I wasn’t going to be that stupid kiddo. No way. I had to do it. I had to affirm that I had everything under control, I was so decided to turn it all around… but how little I knew, ha… Anyway, even if I now regret it, I know it was the only thing that helped me go through it at that moment.

A: Lying?

M: Stop saying that I lied. I said that that was part of the plan to get me where I wanted and it actually did, by marrying Charles, a well known writer, a Chicago Tribune columnist, a professor of the Art Institute of Chicago, I got included in the top writing circles and God knows if without that green-card as a husband I would had made it to where I did.

A: You certainly would have, Maggie. Don’t fool yourself now, it’s been so long and there’s no wrong in admitting a past mistake.

 

M: And college; those million classes we had together… Ugh so painful.

A: Shut up, you still loved me then.

M: Of course I did, that’s why it was so painful

A: Well, I hated you, that’s why it was painful for me.

M: Why did you hate me?

A: You know well the answer. Or shall I say, the answer’s name…

 

A: Remember that Halloween we wore matching costumes and we strolled through the city the whole day long wearing them …

M: Don’t…

A: …Our trip to the cemetery, the “trick and treat” part, all the candy we stole from those kids and…

M: Don’t bring back that memory, Antoine, please!

A: …the party we crashed when the night came, what we did before it got us to jail for the first time! And I recall you were so afraid, and for the first time also I was the brave one, I stood up to the cop just as I did to your parents later that night.

M: …

A: Well, I guess you remember… Say something. You can’t deny it was so good.

M: Doesn’t it bother you to remember it was?

A: Bothers me? Why would it? Every time I think about it, I smile.

M: But it’s not a happiness smile, it’s a nostalgic smile, my dear.

A: What’s the difference? I smile because it was good.

M: Well, that’s why it bothers me so much. It was so good but so ephemeral. For so long it represented everything I would miss in the time to come… That was the day I felt alive for the first time, the day I knew what love was, what freedom felt like, while being behind that mask, not being me but a different self, I realized how it felt not to care about what others think, and what it meant having someone to trust, being sure that someone would have your back no matter what, not being afraid. I’ve never felt that way again, and that’s why I can’t bear to remember that day. It was one in a million; I’ve never had a day like that before, and I’ve never had a day like that after.

 

A: Have you realized that they day we broke up… was the day it all started?

M: …

A: When you called me at 3 am after that big, stupid fight… and you told me you loved me and that you just wanted to make it clear that it was because of all that love that you were choosing to let me go.

M: Wasn’t the Halloween adventure before our break up?

A: No. But you know that. I loved you more when we broke up.

M: You loved me more when you didn’t have me, what a shame, all men are the same.

A: Halloween was two months after our break up, we had started talking again a few weeks before…

M: I know… And I also remember I told you I wanted to do something for Halloween…

A: And I knew how much you loved Halloween

M: So instead of just suggesting a normal thing to do, scary-movies marathon, trick or treat night…

A: I planned the whole thing. Well, except for the cops part.

M: Oh! So you planned the party crashing and the pot and…

A: Before you accuse me of planning our first time too, I must assure you that was just a silver linning!

M: I don’t believe you.

A: I don’t need you to believe me, I’ve never had.

M: So back to the point, seems like I was right again.

A: What are you talking about?

M: About letting you go. You just said that was the day when it all started.

A: Oh no, if you hadn’t let me go everything would have happened anyway but more nicely.

M: You know it wouldn’t. We wouldn’t have passed from the high-school-sweethearts label.

A: So what you are saying is you were damn sure that by breaking my heart we could go past that label to what was about to unfold between us, a lifetime relationship.

M: Damn sure I was, you are right.

A: You’re wicked. And you are heartless… yet you called me that night saying you loved me.

M: I called you at 3 am that night because I knew you hated me at that moment but I wanted to make sure that you’ll love me down the road.

A: …

M: And now… that we’ve been down the road, darling… would you say you love me?

A: …

M: Do you, Antoine?

A: I hate… I hate to do this. But I guess I must admit you were right all this time… Yes, you were always right, Maggie. And I love you.

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