Verte otra vez

Y entonces no sé si soñé o era suya la ardiente voz que me iba diciendo al oído “me moría de ganas, querido, de verte otra vez”. – J. Sabina

Te extrañaba. Esperaba que regresaras para que pudiéramos hablar una vez más, pero está vez en persona. Tú sabes bien que cuando te fuiste dejamos muchas cosas pendientes. Prometiste que las resolveríamos a tu regreso mas en este momento no sé si quieras hacerlo. Te veo tan feliz y me duele saber que lo eres sin mí…

¿Cómo se conocieron? Me dices ahora que crees en el amor a primera vista y te pregunto ¿también crees en los deseos que pedimos a las velas del pastel, crees en las hadas madrinas y en estrellas fugaces que vuelven realidad los sueños? Te recomiendo que no, mi amor, pues confieso que en mi último cumpleaños pedí que estuvieras de vuelta a mi lado y si alguien me concediera un deseo pediría que jamás le hubieras conocido, por si fuera poco, te confieso que en las noches de cielo estrellado pido que le olvides rápido.

Me dices que lo nuestro es pasado pero juro que viajo en una máquina del tiempo cada que te veo; de inmediato siento de vuelta en mi estómago a mil mariposas revoloteando y es como si el tiempo se hubiera congelado.

Cuando te fuiste me quedé con muchas cosas sin decir, confiando en que después tendríamos la oportunidad de hablar pero hoy no será igual. Hoy, antes de despedirnos, quiero que sepas que estos meses te extrañe como jamás he extrañado a nadie y que pasé todo este tiempo conteniendo la respiración a la espera de tu regreso pues cuando te fuiste, te llevaste contigo el aire.

Aunque la distancia me traicionó y el tiempo se volvió mi peor enemigo cuando juntos te apartaron de mí, la soledad fue el único testigo de mi amor. Si la escucharas hablar a mi favor te darías cuenta que cumplí con gusto mi promesa…

Prometí esperarte y aquí estoy, aunque regresaste yo sigo esperándote, amor.

 

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Arte y café

Si es cierto que siempre volvemos a los lugares donde amamos la vida, eso explicaría porque los personajes de FRIENDS siempre están en Central Perk, los de HIMYM en Maclaren’s o yo en Arts & Coffee Co.

Esta cafetería me regaló tiempo para concentrarme y ser productiva pero también espacio para ser creativa y estar tranquila. Su café y sus delicias de comida me dieron bastante alegría (sin contar las calorías).

Por estas razones, y otras tantas más subjetivas que no riman, le dedico este post a un lugar que no solo me enamoró con su comida, servicio y decoración, sino que su peculiar e indescriptible estilo me hizo amar la vida una cucharadita más.

Ubicado sobre Av. Renato Leduc al sur de la Ciudad de México, Arts & Coffee Co. es el lugar ideal para todo, ya sea que vayas a trabajar o a relajarte, a platicar o a apreciar su buen gusto musical, a escribir o a leer, a inspirarte o a dejarte llevar…

Hay lugares como este en donde el tiempo pasa más lento, más rico. Esos son los lugares que debemos buscar en nuestra vida. A veces los encontramos a lado de personas únicas o a veces son momentos, como cuando tomamos una larga ducha con agua caliente, o en la música, como con las canciones de Passenger que son perfectas para relajarse y descansar. De la misma forma, en ocasiones son lugares físicos como este los que hacen que el tiempo se detenga y la vida se disfrute más.

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A media luz, en la terraza, en un sillón o en una de sus mesas altas, en Arts & Coffe Co. no dejarás de sentirte como en casa (y lo dice alguien que ha estado lejos de su hogar varios meses). Esos lugares que te dan más de una opción para ser y estar, te hacen sentir libre, único y original aun entre cuatro paredes y rodeado de la misma gente.

Te invito a que hoy pienses en qué hace que tu mundo deje de girar aunque sea por unos segundos. Seguro alguna vez lo has sentido y si crees que no es así, presta más atención a la próxima pues es bueno tener presente qué lugar, persona o momento tiene tu ritmo ideal para esos ratos en los que necesitas un break o recargar energía.

 

Siempre hay forma de jugar con el tiempo, solo tienes que descubrir cómo, con quién o en dónde…  En mi opinión, no hay nada mejor que sentarse a escribir entre arte y café, así descubrí la magia de este lugar y así recomiendo que busques tu país de Nunca Jamás; solo tomándote tu tiempo para disfrutar.

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Propósitos de Mes Nuevo Pt. 1

Soy fan de los nuevos comienzos, la única razón por la cual los lunes no me parecen extremadamente escalofriantes y los días primero me ponen de buen humor.

Obviamente entre mis festividades favoritas se encuentra el Año Nuevo, por el simple y sencillo hecho de ser un día en el que todos nos sentimos extra positivos y súper poderosos, TANTO que hacemos una lista de los 12 mismos propósitos que hemos tenido los años anteriores pero que de verdad creemos que podremos cumplir al año siguiente…

De forma casi imperceptible ya han pasado cuatro meses desde que inició este 2017 y sorprendentemente no he cumplido ninguno de mis propósitos de Año Nuevo… de hecho ni siquiera estoy segura de recordarlos… la buena noticia es que hoy es lunes y es primer día del mes double jackpot!

Este mes estará lleno de nuevos comienzos en muchas áreas de mi vida, en general estaré bastante ocupada trabajando y cumpliendo diversas metas profesionales pero precisamente debido a esto, considero que es un buen momento para comprometerme a no descuidar de mi bienestar físico y espiritual, y también a cuidar más del medio ambiente.

En la primera parte de esta serie de 3 posts que haré este mes (bienestar físico, espiritual y medio ambiente) están mis compromisos para reducir mi huella ecológica e incluso ahorrar dinero y energía.

Espero que algunas de estas ideas te inspiren a aplicarlas en tu vida diaria…

  1. TOMAR CONCIENCIA de que toda acción que realizo tiene una consecuencia para el medio ambiente.
  2. Evitar usar desechables (platos, vasos, cubiertos y POPOTES)
  3. Separar la basura (orgánica e inorgánica)
  4. Reciclar envases (plástico, latas, papel y cartón)
  5. Evitar pedir bolsas de plástico en el súper (llevar ecológica)
  6. Reducir residuos de los productos que consumo

¿Sabías que un puesto de tacos usa hasta 2 kilos de papel al día para poner en sus platos?

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¿Y qué hay de los envases de nuestras bebidas?

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TIP: Lleva tu propio vaso/termo a la cafetería de tu preferencia para que ahí te sirvan lo que consumes.

7. Cierra la llave mientras te enjabonas cuando te bañas
8. Decora con plantas naturales tu hogar
9. Imprime a doble cara
10. Busca opciones de comida orgánica

Sé que este último propósito para cuidar del medio ambiente suena por de más hipster pero se refiere a buscar “alimentos cuya producción, transformación y comercialización sea más respetuosa con el entorno” y que nos den equilibrio nutricional individual, o sea buscar comida sin hormonas, transgénicos y sustancias artificiales que sean producidas de formas tradicionales… pero de la comida hablaremos más en el siguiente post. 😉

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Yo maté a Hannah Baker.

Aún siento un hoyo en el estómago.

Si estás acostumbrado a ver series como entretenimiento que te distraigan y no te hagan reflexionar sobre la vida, probablemente te equivocaste al ver 13 reasons why. Y probablemente será de las mejores equivocaciones que hayas cometido esto año…

A menos de un mes de que se estrenara esta polémica serie en Netflix, pareciera que ya todo se ha dicho sobre ella. La han criticado y alabado al mismo tiempo, pero precisamente esa controversia le ha ayudado a cumplir su objetivo: incitar conversaciones sobre el suicidio, el bullying, la violencia sexual y otras problemáticas que afectan principalmente a los adolescentes.

Es probable que encuentres algunos spoilers en este post pero a estas alturas me sorprendería que no hayas visto la serie o, en su defecto, escuchado TODO sobre ella pues ese fue uno de mis mayores retos en estas últimas semanas. #spoilerseverywhere

Comencemos por spoilear el final: Sí, Hannah se suicida. A pesar de que el tema principal parezca ser precisamente “el suicidio de Hannah Baker” en realidad eso tan solo fue la consecuencia de una “serie de eventos desafortunados” (por llamarlos así) en la vida de una adolescente who felt too deeply.

Si en algún momento tú también pensaste que Hannah era demasiado dramática, no te culpo, Clay y los demás personajes también lo hicieron, aunque eso no pareció reconfortarlos al respecto de su suicidio.

Personalmente, en más de una ocasión me desesperó más Clay por las cosas que no hacía o decía, que Hannah por lo que intentaba hacer o decir.

Sin embargo, lo que verdaderamente encuentro preocupante después de ver 13 capítulos que exhiben diversas formas de bullying y acoso sexual es el hecho de que la mayoría de los espectadores, como los personajes, todavía sintamos que nada fue “suficiente” razón para incitar a un suicidio o que la acusación de una violación no está clara. Considero que este pensamiento tan cerrado habla de nuestra alta tolerancia a vivir en una sociedad acostumbrada a la violencia “bajita la mano”, a los abusos de poder y al bullying que disfrazamos como “carrilla”.

Las cosas como son. Hay que aprender a nombrar nuestros sentimientos y actos. Si sientes dolor, insatisfacción o tienes ganas incontrolables de llorar estás experimentando una profunda tristeza y cuando una persona se aprovecha sexualmente de otra sin su consentimiento explícito es una violación.

Justamente, de las problemáticas expuestas en la serie, lo que más me impactó fue la familiaridad con la que suceden los abusos sexuales y que, tal parece, aún no tenemos suficiente consciencia sobre la magnitud del problema. El peligro de ser violada no está exclusivamente en las calles, ni en el antro o en la playa, está en tu salón, en la fiesta de tu amigo, está en tu propia habitación.

Si eres mujer ¿alguna vez consideraste que el peligro puede representarlo no solo el albañil que te chifla en la calle, sino también el mirrey que se sienta a tu lado?

¿Qué hay del consentimiento? Hacer una pregunta y esperar una respuesta parece pedir demasiado. ¿Qué pasa con el pensamiento machista? Si eres hombre espero que jamás creas que una falda, un guiño o una mujer borracha es “pedir que la violes”. Si eres mujer, mantente atenta de no culparte a ti misma porque no estamos exentas de ser machistas.

Posiblemente en algún punto tú también pensaste que Hannah no debía haber usado vestido esa noche en el parque o haber ido a la cita el día de San Valentín o haberse quitado la ropa en casa de Bryce pero ¿no es ese el pensamiento más desconsolador? Pensar que Hannah debería haber dejado de vivir para poder existir.

  • Las faldas cortas no provocan una violación, la provoca el violador.
  • Caminar sola de noche no provoca una violación, la provoca el violador.
  • Coquetear no provoca una violación, la provoca el violador.
  • Emborracharse no provoca una violación, la provoca el violador.

Todos culpamos a la víctima pero ¿qué tal si la culpa la tienes tú? Ni siquiera por ser el violador, sino por ser un observador pasivo o por haber tenido la oportunidad de hacer algo para impedirlo pero decidir ignorar el problema, tal como ignoramos la mayoría de las cosas que nos incomodan. Si algo nos enseña la segunda cinta de Justin es que el problema no es solo el que comete el abuso, sino el que se queda viendo sin hacer nada.

Como hizo notar Alex en medio de uno de sus ataques de sinceridad, letreros asegurando que “el suicidio no es una opción” no van a salvar a alguien que lleva tiempo sufriendo. Hay que ver la otra cara de la moneda, quizá no es solo la víctima quien necesita atención sino los abusadores que nadie se detiene a observar. Promover un ambiente más amable, una convivencia más pacífica y una actitud menos abusiva podría ser la solución que no hemos explotado lo suficiente en todos los aspectos de nuestra vida.

Parte de mi desea una segunda temporada que de closure a cuestiones como ¿qué pasa con Alex? ¿Bryce recibe su merecido? ¿qué hará Tyler? pero la mayor parte de mí espera que estas 13 horas de lecciones de vida basadas en muerte, se vuelvan una pequeña guía para hacernos más conscientes de nuestras acciones pues espero que, a diferencia del inepto consejero estudiantil, no necesitemos una cinta 14 para que nos quede claro el mensaje.

Nunca sabes cómo dañaran tus palabras o acciones a alguien más, si bien esto no te hace responsable de sus decisiones consecuentes, si hay algo mínimo que puedas hacer (o evitar hacer) por alguien, asegúrate de que sea AHORA MISMO. No esperes para decir algo amable. No tengas miedo de actuar correctamente.

Por último, si alguna vez un amigo te busca con urgencia, atiende su llamada. No solo le respondas ese mensaje, búscalo. No le digas que todo va a estar bien, escúchalo. DE VERDAD ESCUCHALO, deja ese celular y si tu presencia es lo único que puedes darle a esa persona que grita en silencio por tu ayuda, be there. Visítalo, invítalo a salir, no lo dejes solo. La tarea, tus hobbies, la escuela, todo puede esperar menos la oportunidad de ayudar a alguien que te necesita. Lo que puede parecer un pequeño sacrifico para ti podría ser lo más significativo para la vida de alguien más. Creo que todos podemos coincidir en que es muy raro que alguien -explícitamente- pida ayuda para salvar su vida pero muchos de nosotros lo hemos hecho en alguna ocasión con pequeñas señales. Hay que darnos el tiempo de observar a nuestros seres queridos pues un solo parpadeo bastaría para perderlos.

¿Los cambios siempre son buenos?

A finales del 2016, después de una semana de mucha tensión por exámenes, entregas de proyectos y carga de trabajo; el empacar, hacer los trámites para un cambio de campus y buscar casa en otro estado resultaba una tarea mucho más pesada de lo normal. Entre tantas cosas por hacer me preguntaba si realmente valía la pena “complicarme” la vida de esa forma, cambiándola por completo…

Examiné mis opciones, entre ellas, quedarme en la ciudad en la cual había vivido los últimos 8 años, en donde había hecho grandes amistades, había permanecido por el tiempo más largo en la misma escuela, donde además recibía el apoyo constante de mi familia y tenía un ritmo de vida al cual ya me había acostumbrado. La costumbre, por otro lado, no es algo que me emocione… imaginarme comenzando un nuevo año en el mismo lugar, quejándome de las mismas cosas, me hizo darme cuenta que sobre todas las razones que pudiera encontrar para quedarme, había una que pesaba más para irme:

No podía ser de esas personas que se la viven quejándose de todo pero no cambian nada.

En los últimos meses había pasado por una extraña y desmotivadora etapa en la que no me sentía la persona optimista y positiva que siempre había sido. Había intentado cambiar mi perspectiva, mis hábitos, mis intereses, todo para ver si algo de lo que me incomoda cambiaba, sin embargo, veía que pasaba el tiempo sin que mi desalentador estado de ánimo mejorara. Por supuesto que había muchas cosas que me gustaban de mi vida en aquella ciudad, tantas que comenzar a enlistarlas resultaría tedioso de leer pues había entre ellas muchos detalles que me hacían muy feliz pero por alguna razón las grandes cosas no me emocionaban como antes lo hacían.

En esa etapa creo que era natural preguntarme ¿qué estaba mal conmigo? ¿por qué si nada en mi vida había cambiado, no me sentía tan feliz como antes?

La respuesta resultó sencilla pero no obvia para mí: yo había cambiado.

Dejemos claro que crecer es inevitable, madurar es casi obligatorio pero cambiar es inexplicable.

Hay gente que crece pero no madura y seguro todos conocemos algún Junior que es el vivo ejemplo de esto. También hay que gente que crece y nunca cambia, esa persona que sigue cometiendo los mismos errores una y otra vez, sin aprender de ellos y sin preocuparse por repetirlos. Hay gente que madura pero no cambia, aquel que tal vez ahora sea más responsable pero en el fondo tiene los mismos sentimientos que tenía hace unos años. Finalmente, hay gente que crece y cambia (normalmente para mal) y gente que crece, madura y cambia ¿eres uno de ellos?

A diferencia de crecer y madurar que comúnmente suceden en etapas muy específicas, como pasar de la niñez a la adolescencia o de la adolescencia a la adultez, cambiar llega en momentos muy distintos para cada persona o en ocasiones, no llega. Algunos podrán cambiar durante la pubertad mientras otros cambiarán después de vivir una situación difícil pero habrá gente que morirá siendo los mismos de siempre.

Es aquí cuando la trillada frase de “los cambios siempre son buenos” me resulta llamativa puesto que siempre había supuesto que se refería exclusivamente a cambios externos como teñirte el cabello, comprar ropa diferente o mudarte, pero jamás lo había concebido como algo interno, cambiar de pensamiento, cambiar tu forma de ser, cambiar tus expectativas… Y en ese caso ¿cuándo fue que yo cambié? ¿Cómo podían ser buenos los cambios si ahora me sentía tan perdida?

Eso es algo que crecer, madurar y cambiar sí tienen en común: es confuso, inesperado y a veces difícil.

Posiblemente tú, como yo, en algún momento deseaste “ser grande” pero más tarde te arrepentiste y pediste no crecer, no dejar de ser niño, posiblemente esto sucedió en la pubertad cuando las hormonas nos juegan malas pasadas pero después cuando obtuviste tu IFE (o “INE”) te volviste a sentir bien, al menos por un rato, antes de que te dieras cuenta de todas las responsabilidades que eso implicaba, ahora estabas en edad de decidir, elegir carrera, pensar en tu futuro ¡e incluso pensar en el futuro del país e ir a votar! Creciste, maduraste y quizá entre todo eso, también cambiaste. Pero cambiar no tiene síntomas específicos, pues como dije antes, no tiene etapas definidas y tampoco viene con responsabilidades precisas como las que aceptas cuando maduras.

Cambiar es subjetivo (si es válido llamarlo así) no hay una métrica definida para saber cuánto hemos cambiado, no hay nadie que lo avale, no hay siquiera una definición que explique qué entra en los límites de “cambiar”, básicamente no tiene principio ni fin.

No pretendo explicar cómo fue que yo cambié, ni cómo es que tú podrías hacerlo, puesto que muchos de los cambios que vivimos no son conscientes, nosotros no los decidimos. Podemos decidir cambiar nuestro estilo de vida, nuestras metas y hábitos pero los verdaderos cambios son los resultados de estas acciones, o de no realizarlas también, y son resultados que notaremos el día en que menos lo esperemos, quizá un día que despertemos con renovadas ganas de experimentar algo nuevo o por el contrario un día en que nos sintamos perdidos o fuera de lugar, ahí nos daremos cuenta que si todo a nuestro alrededor sigue igual, seguramente lo que habrá cambiado seamos nosotros.

¿Que si los cambios siempre son buenos? Te invito a que tú lo descubras, no sin antes advertirte que sin importar lo extraño, lo mal o lo difícil que se sienta, los cambios tampoco son definitivos y, en mi experiencia, aceptarlos vale la pena.