Arte y café

Si es cierto que siempre volvemos a los lugares donde amamos la vida, eso explicaría porque los personajes de FRIENDS siempre están en Central Perk, los de HIMYM en Maclaren’s o yo en Arts & Coffee Co.

Esta cafetería me regaló tiempo para concentrarme y ser productiva pero también espacio para ser creativa y estar tranquila. Su café y sus delicias de comida me dieron bastante alegría (sin contar las calorías).

Por estas razones, y otras tantas más subjetivas que no riman, le dedico este post a un lugar que no solo me enamoró con su comida, servicio y decoración, sino que su peculiar e indescriptible estilo me hizo amar la vida una cucharadita más.

Ubicado sobre Av. Renato Leduc al sur de la Ciudad de México, Arts & Coffee Co. es el lugar ideal para todo, ya sea que vayas a trabajar o a relajarte, a platicar o a apreciar su buen gusto musical, a escribir o a leer, a inspirarte o a dejarte llevar…

Hay lugares como este en donde el tiempo pasa más lento, más rico. Esos son los lugares que debemos buscar en nuestra vida. A veces los encontramos a lado de personas únicas o a veces son momentos, como cuando tomamos una larga ducha con agua caliente, o en la música, como con las canciones de Passenger que son perfectas para relajarse y descansar. De la misma forma, en ocasiones son lugares físicos como este los que hacen que el tiempo se detenga y la vida se disfrute más.

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A media luz, en la terraza, en un sillón o en una de sus mesas altas, en Arts & Coffe Co. no dejarás de sentirte como en casa (y lo dice alguien que ha estado lejos de su hogar varios meses). Esos lugares que te dan más de una opción para ser y estar, te hacen sentir libre, único y original aun entre cuatro paredes y rodeado de la misma gente.

Te invito a que hoy pienses en qué hace que tu mundo deje de girar aunque sea por unos segundos. Seguro alguna vez lo has sentido y si crees que no es así, presta más atención a la próxima pues es bueno tener presente qué lugar, persona o momento tiene tu ritmo ideal para esos ratos en los que necesitas un break o recargar energía.

 

Siempre hay forma de jugar con el tiempo, solo tienes que descubrir cómo, con quién o en dónde…  En mi opinión, no hay nada mejor que sentarse a escribir entre arte y café, así descubrí la magia de este lugar y así recomiendo que busques tu país de Nunca Jamás; solo tomándote tu tiempo para disfrutar.

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Cruzando el río

Dicen que la dificultad de mudarte es que no sabes si te están extrañando o te están olvidando…

El miedo a la soledad podría parecer irracional, sin embargo, en realidad tiene fundamento y es que al llegar a un lugar nuevo en donde no conoces a nadie, es palpable el sentimiento de ser un extraño, un invasor y un auténtico desconocido para todos ahí.

Muy pronto te das cuenta que hay grupos conformados no solo con chistes locales que no entiendes sino con historia, con recuerdos que no compartes y momentos que no presenciaste. Y estando entre desconocidos que se conocen entre sí, te queda más claro que nunca que (aún) no perteneces ahí.

También estás muy consciente de que la vida en casa continua, la historia sigue corriendo, tus amigos están riéndose de cosas que no comprenderás cuando vuelvas, tus hermanos están creando memorias juntos que no compartirás cuando los veas de nuevo y tu familia tendrá recuerdos que serán ajenos a ti la próxima vez que abras el álbum familiar.

El miedo es el único que te acompaña mientras te das cuenta que estás en medio de dos lugares a los que no perteneces pues de uno te fuiste y al otro acabas de llegar. Conoces a gente que aún no te acepta por completo pero no puedes juzgarlos porque sabes que las relaciones se basan en confianza y crear un lazo así requiere tiempo.

Además tú tampoco los aceptas por completo aún, pues extrañas a tu “grupito” y las cosas que los hacían únicos. No obstante, necesitas aceptar a estos nuevos amigos, necesitas contar con alguien para “contarle a alguien” pues a veces parece que a la gente que dejaste atrás ya no le interesa lo que tengas que decir porque estás muy lejos o si se interesa no lo entiende en verdad porque no lo están viviendo y tampoco puedes culparlos pues es obvio que su vida sigue avanzando y llenándose de cosas propias que contar a alguien que se pueda relacionar.

Mientras estás lejos de casa tienes miedo de que tus amigos te olviden, te dejen de hablar o dejen de preocuparse por ti. Obviamente no quieres perder las relaciones que construiste previamente pero tampoco es sencillo conservarlas sabiendo que una relación se nutre día a día y se basa en los pequeños momentos juntos, a veces los segundos más irrelevantes son los que más impactan pero ya no estás ahí para crear, para vivir y para compartir esos momentos. Ahora solo puedes compartir palabras, algunas fotos y quizás una llamada pero no hay más para asegurar su amistad. ¿Con eso bastará?

El miedo a la soledad sigue ahí. Es como estar de pie en medio de un río tratando de estirar tus brazos hacia ambas orillas, sin querer alejarte demasiado del lado que acabas de dejar atrás pero al mismo tiempo con ganas de alcanzar el nuevo lado al que estás por cruzar. Ojalá tus brazos pudiesen ser más largos y tocar ambas orillas para sentirte seguro en medio de la corriente pero sabes que eventualmente tendrás que avanzar. Puedes retroceder o seguir adelante. Ninguna es una mala opción, ambas te llevarán a tierra firme. Quizá sea más fácil retroceder, regresar al lugar de donde viniste y que sabes que es seguro; o podrías seguir adelante, arriesgarte a descubrir un paraíso terrenal o a decepcionarte por no encontrarlo enseguida.

Tu salvación es cuando encuentras un puente. Ese puente pueden ser personas o pasiones, lugares o experiencias, ese puente incluso se puede construir si tan solo te das el tiempo necesario. Aunque normalmente tendrás que meterte a nadar primero, seguramente muy pronto verás un puente a lo lejos; una nueva persona que te acogerá como si te conociera de siempre; un viejo amigo que seguirá interesado en hablar contigo, en saber cómo estás y darte ánimos para continuar; una actividad que te llenará de energía y te motivará a mantenerte firme; un lugar que te hará sentir diferente, extraño pero feliz.

Y de pronto el miedo a la soledad se te olvidará. Te darás cuenta que estuvo ahí y que en su momento tuvo razón de estar. Que quizá algunos te dejaron de hablar, tal vez no te olvidaron y su amistad no terminó pero sin duda su relación cambió, habrá algunos desconocidos que se vuelvan conocidos aunque no sean tan cercanos pero no importará pues al menos solo nunca estarás.

El miedo se desvanecerá cuando dejes de sentirte invasor y te comportes como invitado, cuando te des cuenta que todos somos desconocidos al inicio, que una amistad no es un chiste local o una fiesta juntos sino apoyo mutuo aun sin palabras o llamadas constantes, que la familia siempre será la raíz que te dio las bases y el tronco que te da la fuerza, que ninguna persona debe pertenecer a un lugar sino a un ideal y sobre todo cuando entiendas que vivir solo no es vivir en soledad.

Vivir al límite.

Son las 11:19 y tengo hasta las 12:00 para enviar un trabajo final pero aun tengo algo de tiempo para escribir este post así que voy a comenzar.

Este es mi tipo de situación ideal para “motivarme” a terminar un proyecto. ¿Está muy mal? ¿No es normal?

La adrenalina que sientes al estar escribiendo, leyendo o haciendo una tarea en los últimos minutos, sin saber con certeza si lograrás terminar a tiempo pero poniendo toda tu energía en dar ese “último estirón”, hacer tu mejor esfuerzo y entregarlo en punto, es INIGUALABLE.

Utilizo ese adjetivo deliberadamente porque no describe si es bueno o malo, simplemente es. No hay experiencia similar a sentir la presión de estar tan cerca del límite, tan cerca del éxito y sin haber hecho un gran esfuerzo. Probablemente lo podríamos comparar a estar a un paso de la meta cuando vas primero en la carrera mientras en tu mente piensas “¡wow, ni siquiera entrené para esto y lo estoy logrando, ya voy a terminar!” lo más mágico es el resultado…

A las 11:59 lo adjuntas, envías y ves el reloj cambiar a 12:00 mientras suspiras… logro desbloqueado. Lo lograste y esa presión que sufriste los últimos 20 minutos, valió la pena porque te hizo dar tu máximo para alcanzar esa meta.

Admiro a la gente que comienza sus deberes a tiempo. La admiro, de verdad, pero no la entiendo. Lo he intentado, enserio, lo he intentado más de una vez. Me encargan una tarea, llego a casa, enciendo la computadora, lista para trabajar y con mucho tiempo libre para hacerlo… Tiempo libre… Honestamente, no pasa muy seguido que tengamos tiempo libre, o al menos en mi mente así lo creo, tener tiempo libre es un regalo del cielo que sería muy mal aprovechado en hacer algo que no nos hace intensamente felices (aunque sea momentáneamente) entonces llega la distracción, veré esto, escucharé aquello, mejor leeré algo más, una película no estaría mal… y muy pronto todo está perdido. Pero al final del día no me arrepiento, me siento bien por haber “vivido en el ahora” y haber disfrutado. “Ya habrá tiempo de sobra para hacer las tareas después” pienso entonces. Aunque en realidad nunca lo hay. Comúnmente solo me queda el “tiempo justo” para hacer lo que debería (está claro que para mí es debatible si es un deber) lo que podría haber hecho antes.

Esto es vivir al límite en mi mundo (sí, en mi nivel badass-nerd) no estoy escalando montañas ni saltando de La Quebrada, simplemente estoy haciendo mis tareas justo antes de entregarlas y terminando proyectos justo en el tiempo límite pero sigo creyendo que todos necesitamos de esta -estúpida- adrenalina que sin importar de donde venga nos proporciona el sentimiento sin-sentido de que nuestra vida no es una estricta rutina, de que no todo está destinado sino que podemos hacer cambios “bruscos” al último minuto y sobrevivir a eso. Es arriesgarte, es apostar por ti mismo, que eres mejor (o quizá peor) de lo que piensan y que, sin duda, puedes vencer cualquier límite.

En lo personal, no me queda duda de que todos, en menor o mayor medida, todos estamos haciendo algo que nos hace sentir como si viviéramos al límite y aunque muchas veces ese “algo” es por demás estúpido, nadie nos quita la inigualable satisfacción de haber tenido una experiencia inesperadamente buena a partir de algo probablemente malo.

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MEDITATION | MEDITACIÓN

It’s important to know that there are different types of meditation that can be adapted to the person who practices. For me, every time I mentioned that I meditate everyone makes reference to mantras and immediately imagine me repeating “om” out aloud. It takes a while to explain them that my meditations are silent and only guided by someone else telling me how to control my breathing and my thoughts.
Much is said about the benefits of meditation and how difficult it can be, in my experience, after about two months of daily meditation these are some of the observations I have about it:

TIME – The shortest meditation I do is 5 minutes long and the longest is 20 minutes, anyway, 10 minutes meditations are the most practical for me because those 10 minutes are really energizing. Meditating for just five minutes will have you trying to quiet your mind for the first 3 minutes and by the time you succeed you will have very little time to enjoy that mental calm. On the other hand, if you meditate for 20 minutes, the calm and silence will be so much that will start to be confused with sleep (at least as a beginner I felt like it). It seems better to me to increase the time of meditation in parallel to the increase in your level of concentration, beginning at least with 10 minutes.

BEFORE AND AFTER – Along with the daily practices I recommend doing some pre-stretching to relax muscles and not be very tense as we sat still in the same position through our meditate. And after meditating, before ending the session, it seems important to me to give thanks to God or to the universe in general for allowing us to enjoy those moments of stillness, and take the opportunity to really connect with the planet potencializing our sense of gratitude. We can also give thanks for all we have: health, love, family, work, anything that we own, It’s a good reason for being positive and feeling full of blessings.

STOMACH – I read that it is recommended to meditate before eating and ultimately I agree because I noticed that you feel physically and mentally lighter not having a full stomach which also helps focus on your body and relax. Somehow it reduces the feeling of hunger that often makes us feel anxious or makes us eat too quickly, so after meditanting if you’re going to eat you will notice that you enjoy it more by eating slowly.

Those are some of my recommendations for beginners in meditation, about how long I recommend to meditate for starters, stretching before and giving thanks at the end of every practice, and meditating before eating. I hope you can experience the calm and energy that meditating produces. I recommend downloading the app “Calm” to try out a quiet guided meditation and if you do, please share your experience with me 🙂

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Es importante saber que existen diferentes tipos de meditación que se pueden adaptar a la persona que los practica. En mi caso, en cada ocasión que comenté que meditaba todos hicieron alusión a los mantras y me imaginaban de inmediato repitiendo en voz alta “om”. Tardaba un rato en explicar que mis meditaciones son en silencio y solo guiadas por alguien más diciéndome cómo manejar mis respiraciones y mis pensamientos.

Mucho se dice de los beneficios de la meditación o lo difícil que puede ser, en mi experiencia, después de aproximadamente dos meses de meditar a diario estas son algunas de las observaciones que tengo:

TIEMPO – La meditación más corta que hago es de 5 minutos y la más larga de 20 minutos, como sea, las meditaciones de 10 minutos son las que más practico porque considero que esos 10 minutos son suficientemente renovadores y energizantes. Al meditar por solo 5 minutos pasarás 3 de esos minutos tratando de acallar tu mente y cuando por fin lo logres te quedará muy poco tiempo para disfrutar de esa calma mental. Por otro lado, si meditas 20 minutos, la calma y el silencio serán tantos que se comenzará a confundir con sueño (al menos yo como principiante lo sentí así). Me parece más recomendable aumentar el tiempo de meditación en paralelo al aumento en tu nivel de concentración, iniciando como mínimo con 10 minutos.

ANTES Y DESPUÉS – Aunado a las prácticas diarias recomiendo hacer algunos estiramientos previos para relajar los músculos y no estar muy tensos mientras nos sentamos quietos, sin cambiar de posición al meditar. Y posterior a la meditación, antes de dar por terminada la sesión, me parece importante el dar gracias, a Dios o al universo, en general por habernos permitido disfrutar de esos minutos de quietud, y aprovechar para realmente conectarnos con el planeta potencializando nuestro sentido de gratitud. También podemos dar gracias por todo lo que tenemos: salud, amor, familia, trabajo, cualquier cosa que tengamos cuenta y es una buena razón para sentiros positivos y llenos de bendiciones.

ESTOMAGO – Leí que se recomienda meditar antes de comer y en definitiva concuerdo pues noté que te sientes más ligero en cuerpo y mente al no tener el estómago lleno, además concentrarte en tu cuerpo y relajarte, de alguna forma, reduce el sentimiento de hambre que muchas veces nos hace comer con desesperación o rapidez, así después de meditar si vas a comer notarás que lo haces con más calma y lo disfrutas más.

Esas son algunas de mis recomendaciones para principiantes en meditación, en cuanto al tiempo que recomiendo meditar, el estirar antes y dar gracias al terminar, y sobre comer o no antes de la práctica. Espero que puedan experimentar la calma y la energía que el meditar genera. Les recomiendo bajar la app “Calm” para probar una meditación guiada muy tranquila y si lo intentan, compartan su experiencia conmigo 🙂

Si fueras tú…

Hoy vi a un hombre con camisa azul a cuadros, como la que te regalé aquel día ¿recuerdas?… Lo vi formado en la fila del supermercado y pensé que eras tú. De hecho, deseaba que fueras tú…

La idea de sentirte tan cerca, a solo tres personas de distancia, me hacía sentir impaciente, mas no podía salirme de la fila o perdería mi lugar. Aquel lugar que me correspondía y no podía abandonar ¿o podía? como fuera, ya quería llegar. Ansiaba llegar a la caja en donde tú ya te encontrabas pero aún había tres personas de distancia.

Así que tuve que esperar formada. Esperaba avanzar y alcanzarte. Mas yo avancé y tú también. Cuando por fin llegué a la caja, tu ya no estabas.

Te busqué al salir pero te había perdido de vista… subí a mi auto decidida a iniciar con la difícil tarea de “olvidar y seguir adelante” mas de pronto te encontré con la mirada. Estábamos ya en la fila de autos que se dirigían a la salida. Ibas en el carro de adelante, y aunque no había más autos de distancia entre nosotros, ahora había algo peor.

El encierro de aquel auto, en el que tú ya no me escuchabas y desde el cual solo podías verme de reojo en el retrovisor, únicamente si decidías mirar atrás…

En ese momento comprendí que todo había empeorado pues ese sutil encierro, sumamente cercano entre los dos, provocaba una tajante lejanía que estaba marcada por algo más, mejor dicho, alguien más.

El asiento del copiloto en tu auto ya estaba ocupado, y era ella. La chica frente a ti en la fila del supermercado. Ahí estaba ella…

¿Podría haber hecho algo yo?

Quizá si hubiera sentido el vacío que siento ahora, quizá entonces me hubiera salido de aquella fila pasada sin importar si perdía mi lugar en aquel momento pues tal vez así hubiera ganado un asiento a tu lado.

Sin embargo, hoy yo tengo mi auto, y mi encierro, pero también un asiento para un copiloto y una vía rápida por delante en la cuál algún día seré yo la que miré el retrovisor únicamente por decisión para verte de reojo y decir adiós.

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Fer S.